280 incendios en 2025 y casi 200 en 2026 encienden alerta en San Luis de la Paz.
- Sergio Cervantes

- 26 jun 2025
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Actualizado: 2 mar
Por Sergio Cervantes
San Luis de la Paz, Guanajuato. — El municipio cerró el año 2025 con 280 incendios de pastizal y, en lo que va de 2026, ya registra cerca de 200 atenciones, informó José Luis Matehuala Castillo, capitán del Cuerpo de Bomberos y Paramédicos Voluntarios. La mayoría de estos siniestros, advirtió, son provocados, lo que ha encendido la alerta en distintas comunidades del territorio ludovicense y mantiene en constante movilización a los cuerpos de emergencia.
La temporada de incendios de pastizal y forestales inicia en enero y se extiende hasta mediados de julio, cuando comienzan las lluvias y la humedad reduce el riesgo. Posteriormente, tras una breve tregua durante agosto y septiembre, el peligro se reactiva en octubre debido al resecamiento del material vegetal. Este ciclo convierte a San Luis de la Paz en un municipio con actividad prácticamente permanente en materia de incendios rurales.

Fotografía del incendio en el cerro del Picacho de la Santa Cruz.
Elementos del Cuerpo de Bomberos trabajaron más de 12 horas para controlar el incendio registrado en el cerro del Picacho de la Santa Cruz, el cual se reactivó al día siguiente debido a combustión subterránea.
De acuerdo con el capitán Matehuala, el municipio es el segundo más grande del estado de Guanajuato en extensión territorial y cuenta con 309 comunidades registradas, muchas de ellas ubicadas en zonas serranas o de difícil acceso. Esta condición geográfica representa un reto operativo considerable. “Es muy común que tengamos cinco o seis llamados simultáneos en comunidades ubicadas en polos completamente opuestos”, explicó, lo que obliga a distribuir recursos humanos y materiales con rapidez estratégica.
Durante 2025, además de los 280 incendios de pastizal, el cuerpo de bomberos atendió más de mil servicios de emergencia, incluyendo rescates, incendios estructurales, accidentes y atenciones médicas. Sin embargo, los incendios en zonas rurales continúan siendo una de las problemáticas más demandantes debido a su extensión territorial y al desgaste físico que implica combatirlos bajo altas temperaturas.
Uno de los datos más preocupantes es que aproximadamente el 90% de los incendios son provocados. Aunque existen causas naturales, estas solo se presentan bajo condiciones específicas conocidas como la “regla de los 30”: humedad inferior al 30%, ráfagas de viento superiores a 30 kilómetros por hora y temperaturas mayores a 30 grados centígrados. No obstante, muchos reportes se reciben durante la noche, cuando las temperaturas son bajas y la humedad es más alta, lo que descarta un origen natural y apunta a intervención humana.
En los primeros meses de 2026, cerca del 50% de los incendios se concentran en comunidades como Pozo Blanco, La Misión, Las Beatas, Santana, Lobos y El Maravillal. Habitantes de estas zonas han detectado incluso personas que presuntamente inician el fuego de manera intencional, situación que ya ha sido denunciada ante las autoridades correspondientes. Esta concentración geográfica revela patrones que refuerzan la hipótesis de prácticas irresponsables o deliberadas.
El incendio más complejo de las últimas semanas ocurrió en el cerro del Picacho de la Santa Cruz. Aunque no fue el de mayor extensión —pues días antes se registró uno en Pozo Blanco con afectación de aproximadamente 300 hectáreas y otro en La Leona y El Garabatillo con cerca de 150 hectáreas dañadas—, la geografía rocosa del cerro y la presencia de vegetación como cactáceas complicaron significativamente las labores.
El fuego inició el sábado por la tarde, tras concluir un servicio previo en la comunidad de Manzanares. Las brigadas trabajaron hasta las 2:30 de la madrugada del domingo para contenerlo. Sin embargo, el incendio se reactivó debido a combustión subterránea, fenómeno que permite que el fuego permanezca activo bajo tierra y resurja horas después. Finalmente, fue controlado alrededor de las 7:00 de la tarde del domingo, luego de más de 12 horas de trabajo continuo.
El capitán explicó que el uso de camionetas tipo pickup en lugar de camiones de bomberos responde a la necesidad de movilidad en terrenos accidentados. Los camiones están diseñados para zonas urbanas, mientras que en cerros, parcelas y caminos rurales estrechos las unidades ligeras permiten acceso más eficiente y seguro.
Actualmente, el cuerpo de bomberos cuenta con 45 elementos voluntarios, aunque no todos están disponibles de forma simultánea, ya que se organizan por turnos. Para el incendio del Picacho se desplegaron 17 elementos cada día, con apoyo de habitantes de comunidades vecinas. Esta colaboración ciudadana fue clave para lograr el control total del siniestro.
Además del impacto ambiental que incluye pérdida de vegetación, afectación a fauna y deterioro del suelo, los incendios representan riesgo directo para viviendas, parcelas agrícolas y la integridad de las personas. En comunidades alejadas de la cabecera municipal, el tiempo de respuesta puede marcar la diferencia entre un conato controlado y un incendio de gran magnitud.
Ante este panorama, la autoridad reiteró el llamado a la prevención. Se recomienda limpiar terrenos, retirar maleza seca alrededor de viviendas, podar árboles y establecer brechas cortafuego en propiedades extensas. Estas acciones pueden evitar que el fuego avance hacia zonas habitadas.
Asimismo, se invitó a delegados y pobladores a capacitarse para formar brigadas comunitarias que permitan una respuesta inicial organizada mientras arriban los cuerpos de emergencia. “Todos podemos ser voluntarios, pero debemos hacerlo de manera segura y capacitada”, subrayó el capitán.
Con casi 200 incendios registrados en apenas los primeros meses de 2026, la tendencia sugiere que el municipio podría enfrentar un año igual o más complejo que el anterior si no se fortalecen las medidas de prevención, denuncia y corresponsabilidad social.
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